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Última actualización: Viernes, 27 de Marzo de 2009 - Actualizado a las 13:24h.
La enfermedad del sueño o Tripanosomiasis africana es una enfermedad infecciosa provocada por un parásito denominado tripanosoma transmitido por la mosca tse-tse.
El tripanosoma se transmite al hombre por la picadura de la mosca tse-tse del género Glossina. Este insecto se encuentra sólo en Africa entre el paralelo 15º de latitud norte y el paralelo 20º de latitud sur. Pican durante el día, y su picadura es dolorosa.
Aproximadamente una semana después de la picadura aparece una lesión inflamatoria en la piel que suele curar espontáneamente. Existen dos tipos: La causada por el tripanosoma brucei gambiense provoca una infección crónica de varios años de evolución y se da principalmente en el centro y oeste de Africa. El tripanosoma brucei rhodense tiene la misma sintomatología pero evoluciona en semanas. Se da los países del sur y este de Africa.
Tras la picadura de la mosca tse-tse, el tripanosma entra en el organismo y comienza a multiplicarse para invadir los distintos sistemas corporales.
Los primeros sistemas invadidos son el cardiovascular, renal y endocrino.Entre otras alteraciones se producen taquicardias, anemia, edema intenso, alteraciones circulatorias y pérdida de peso. Cuando la enfermedad está avanzada comienza la invasión del sistema nervioso central. Cambia el comportamiento y el carácter del individuo que se muestra indiferente, con menos concentración e irritable. A medida que avanza, el humor es impredecible, pasando bruscamente de la alegría a la tristeza. Durante el día aparecen periodos de somnolencia, cada vez más frecuente y prolongados.
Por la noche aparece el insomnio.
Debe atacarse a la mosca tse-tse fumigando las zonas donde se producen los anidamientos de las moscas y evitar su reproducción con machos estériles. La protección masiva para quien vive es complicada por la ausencia de vacuna y porque la quimioprofilaxis con pentamidina no protege más de cuatro o seis semanas, y, además, tiene efectos secundarios. Individualmente deben tomarse las siguientes medidas:
Si no hay afectación neurológica se usa la suramina, por vía intravenosa y a las dosis adecuadas en función del peso y edad del enfermo. Es muy eficaz, pero provoca reacciones adversas, por lo que debe ser prescrito y controlado por un médico. Si ya existe afectación del sistema nervioso central, el fármaco de elección es el melarsoprol, que tiene una elevada toxicidad y debe administrarse por vía intravenosa en dos ciclos separados entre sí de diez a veinte días.
Un estudio sugiere que la niacina o vitamina B3 podría mejorar las funciones neurológicas después de un ictus.
©2009. Madrid. Unidad Editorial, Revistas
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